Sunday, January 21, 2018

capitulo 2

-¿Qué está haciendo usted aquí? -Usted me dejó un mensaje urgente con mi secretaria- le recordó ese hombre. -Cande me hizo llamarlo, pero yo no le pedí que viniera, señor Lanzani. Pregunté por su hermano. -Pablo está en Grecia. Peter la miró con unos ojos tan verdes . -Ya le he informado de la muerte de su hermana. Estaba profundamente afectado. Una risa histérica se le escapó a Lali. -¿De verdad? -Me gustaría ver a mi sobrino- dijo Peter ignorando su respuesta con toda frialdad. -¡No! Lali se tensó como si fuera a sufrir una agresión. Odiaba a Peter más que a cualquier otro hombre vivo. -Su derecho no es mayor que el mío... -¿Derecho?- gritó Lali-. ¿Se atreve a hablar de derechos después de lo que le hizo a Cande? ¡Usted no tiene ningún derecho sobre el hijo de mi hermana! ¡Me pone enferma! -Está afectada- le dijo Peter con una calma aparente, pero ella no se dejó engañar. Se le había hinchado una vena de la frente y su boca se había transformado en una línea pálida. La gente no le hablaba a Peter en ese tono. Era fabulosamente rico y terriblemente poderoso. Su palabra era ley y su familia hacía exactamente lo que él decía. Nunca esperaba ninguna clase de oposición a sus deseos. Los medios de comunicación habían publicado algunas historias tenebrosas sobre lo que les pasaba a aquellos lo suficientemente locos cómo para enfrentarse a él en los negocios. Pero Lali no le tenía miedo. Daría veinte años de su vida con tal de tener el poder de hacerle daño a Peter como él se lo había hecho a su hermana. -Usted la mató... la mató con su incomprensión. ¡Espero que ahora esté satisfecho! -Señorita Esposito... Una fuerte mano la agarró por la muñeca cuando ella trató de pasar a su lado. -¡Suélteme, animal!- susurró Lali, entre dientes. -Si no fuera porque comprendo muy bien su pena, podría exigirle una disculpa. Peter la miró desde lo alto de su metro ochenta y continuó: -Pero resulta que este no es el lugar más apropiado para una confrontación como esta. ¡Mantenga la compostura antes de que pierda la paciencia! Lali tembló como si la hubiera atrapado un huracán. La furia se apoderó de ella y levantó la mano que le quedaba libre para darle en esa cara blanca y arrogante con todas sus fuerzas. Él la soltó sorprendido cuando la mano le dio de lleno en la mejilla. Lali retrocedió y le dijo: -¡No vuelva a atreverse a tocarme! Se sintió sorprendida por semejante arrebato de violencia. Nunca antes le había pegado a nadie; ni de niña. Por un momento, los ojos de él parecieron incandescentes e incrédulos. Luego ella apartó la mirada y empezó a andar por el corredor y hacia la puerta del hospital.

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